Autoría del proyecto: Jose Fernández-Llebrez
Promotor: Edificio Viciana SL
Contratista principal: AT4
Fotografía del proyecto: Alejandro Gómez Vives
En un principio, el objeto de la propuesta era desarrollar un edificio residencial para tres viviendas y parcamiento en un irregular solar del centro histórico de Valencia. Un cometido básico inicial que, conforme se profundizaba en las circunstancias y características de los futuros usuarios, fue evolucionando hasta derivar en un proyecto más complejo y próximo a un planteamiento a modo de superposición en altura de tres viviendas unifamiliares distintas.
La iniciativa partía de la necesidad de una madre y sus dos hijos (independientes y con sus respectivas familias) de residir en un mismo inmueble y próximos a los principales servicios de la ciudad (desde sanitarios a escolares o administrativos). La intención por tanto era dejar atrás su residencia en una zona de baja densidad en las afueras para que las tres unidades familiares pudieran convivir del mejor modo posible en un nuevo emplazamiento urbano, facilitando así la interacción entre ellos y sus desplazamientos.
En este sentido, ya en la fase de proyecto, uno de los primeros objetivos fue que la propuesta pudiera recuperar para los usuarios algunos de los aspectos que habían cualificado su vida cerca del campo, lo que conectaba también con la consideración por las cuestiones relativas a la sostenibilidad (presencia de vegetación y agua, fomento de ventilaciones cruzadas, control de sombras y protecciones solares, eficiencia energética basada en la aerotermia, etc.).
Otro asunto determinante para la propuesta fue la estricta normativa urbanística de aplicación en el centro histórico que, además de limitar parámetros habituales como las alineaciones de parcela, el número de plantas o las alturas, condicionaba la configuración exterior y apariencia del proyecto al regular aspectos —relacionados con la edificación tipológica de ciutat vella— como los criterios compositivos de fachada, la morfología y dimensiones de los huecos, los remates permitidos, el tipo de cubierta o las posibles materialidades, con el propósito o justificación de lograr una integración visual exhaustiva de lo nuevo con lo antiguo.
Un marco de actuación que invitaba a reflexionar en torno a la discusión sobre la relación —o disociación— entre la espacialidad u organización interior del proyecto y su forma o expresión exterior. Esto es, al partir de unos principios formales —referidos en gran parte al lenguaje y los criterios compositivos a emplear en la fachada— que son heredados (y de algún modo anacrónicos, por cuanto se refieren a pautas arquitectónicas que derivan de un modo de proyectar y construir ya superado), la cuestión de fondo radica en determinar tanto la clase de relación que debe existir entre la espacialidad de la propuesta y esos principios formales sobrevenidos, como consecuentemente el tipo de configuración interior del proyecto, suscitando así la disyuntiva entre una idea contemporánea de organización espacial de la propuesta y la imagen exterior predicha.
En el proyecto de Casa Viciana, el posicionamiento adoptado fue apostar por una idea contemporánea de espacio y de organización interior que pudiera dar respuesta a los objetivos del proyecto —en relación también con las necesidades, expectativas y modos de vida de los futuros usuarios— y una estrategia de expresión exterior que, si bien necesariamente obediente con las imposiciones normativas, pudiera establecer conexiones con la narrativa empleada en la configuración interior.
La formalización del proyecto comienza a fraguarse a partir de la comprensión del ámbito inmediato de actuación. A este respecto, las condiciones de contorno quedan definidas principalmente por dos plazas de distinto tamaño que constituyen los accesos al solar y por unas edificaciones colindantes que perfilan un plano perimetral de medianeras muy fragmentado, tanto en planta como en sección.
En cuanto a las condiciones específicas de parcela, destaca la descripción de dos áreas diferenciadas no edificables por encima de rasante: un patio principal de aproximadamente 10×7 metros que se sitúa al fondo de la propiedad y da lugar a disponer de una amplia fachada interior con orientación sur, y un espacio estrecho y alargado, a modo de calle interior o patio longitudinal, que discurre entre medianeras y linda con la plaza de mayor tamaño, y que recibe el nombre de atzucat en honor a su origen islámico.
De acuerdo con este contexto inicial, se propone que cada una de las viviendas ocupe un nivel diferenciado —a partir de cota cero— y desarrolle una distribución pasante con espacios principales que conecten la fachada exterior (norte) con la recayente al patio posterior (sur). Una decisión que permite introducir iluminación y ventilaciones cruzadas en todas las plantas, pero que también contribuye a articular otro de los objetivos clave de la propuesta: maximizar la relación interior-exterior y prestar especial atención a las visuales del proyecto.
En este sentido, por un lado, se abren otros patios interiores para terminar de lograr una buena iluminación y ventilación del proyecto (que se caracteriza también por un reducido perímetro de contacto con el espacio público) y se introduce la vegetación en todos los espacios exteriores de la propuesta para favorecer su buena configuración y calidad ambiental.
Y, por otro lado, se fomenta la continuidad espacial y la apertura simultánea de vistas hacia los espacios exteriores (tanto urbanos como patios de parcela). Es decir, si las distribuciones tradicionales de vivienda en el centro histórico se caracterizan muchas veces por una iluminación natural ajustada y una relación interior-exterior un tanto limitada o acotada (debido en gran parte a la densidad de la trama y las características tipológicas de la edificación cerrada), ahora se propone trabajar sobre una idea de espacio fluido y optimizar la apertura de huecos en las distintas fachadas con el propósito de prolongar y cuidar al máximo las visuales desde el interior.
La entrada principal se plantea a través del atzucat, aprovechando así su condición de patio longitudinal en contacto con una de las plazas de acceso, y el zaguán y las comunicaciones verticales se ubican al final de este recorrido. De este modo se consigue, de una parte, liberar toda la fachada principal para poder abrir espacios de las viviendas —desde planta baja a planta segunda—, y de otra, poner en valor la función del atzucat en la propuesta, que, en lugar de quedar reducido a un mero patio trasero de edificación, reivindica así su papel como elemento de acceso singular.
El atzucat queda por tanto configurado como un jardín de acceso compartido —de unos 14m de longitud y algo más de 2m de anchura— que desarrolla una aproximación gradual al proyecto: un recorrido que, conforme va dejando atrás el bullicio de la calle, se aproxima a una estrecha fachada provista de altos ventanales y balcones en voladizo que favorecen las vistas.